Los tacones: mi asignatura pendiente
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Los tacones: mi asignatura pendiente

Soy de las que piensa que hay que alejarse de esas personas que no te dejan ser tu mismo, que hacen que pierdas tu esencia, que apagan tu chispa, que te hacen sentir inseguro… ¿Nunca os ha ocurrido?

Quizás os suene a chiste la comparación, pero a mi los tacones me provocan una gran variedad de sensaciones similares… Es más, siento que cuando los llevo, de repente me transformo y me encojo de tal manera que parece que de forma casi automática me salga una chepa del tamaño de una mochila. Además no acaba ahí la cosa: de golpe y porrazo es como si no supiera andar. Señoras, ¡me transformo en un potro salvaje!, tan solo me falta dar coces.

Caballo riendo

Ponerme tacones me da pereza, sobre todo los más asesinos que son los que no llevan plataforma y así hacer que sufras más, los que llevan un tacón tan fino que tienes que ir pensando en cada paso que das y por supuesto los que se salen y te chancletean al andar, ¡esos son los más cómodos sin duda!

Conclusión:

1. Es una tortura y si no, imaginad que alguien os dijera esto: “tienes que ir de puntillas haciendo equilibrio encima de un trozo de metal fino y además sin plataforma, que es más sexy y se te pondrán los gemelos de señor fuerte” Suena poco apetecible si lo pensáis… De hecho cuando me los pongo, me duelen las piernas una semana. ¿No es maravilloso? 😀

2. Cuando tengo que cruzar una calle, los pasos de cebra se me hacen eternos y parece que nunca vaya a llegar al otro lado. #calzadasinfin

3. En numerosas ocasiones he pensado que igual la solución para sentirme más segura, era ir dando pasitos cortos, pero lo único que conseguía a decir verdad era parecer una mezcla de muñeca Famosa y Robocop…

4. Cada vez que me los pongo, tengo una gran probabilidad de sufrir torcedura de tobillo, ampollas y perder alguna que otra uña… Un verano me pasó, lo di todo bailando y al cabo de unos meses cambié dos uñas de los pies. ¡JA!, ahora me río, pero en su momento ni un poquito de gracia me hizo…

5. Me pone de mal humor cuando se me enganchan en alguna rejilla del suelo o en las escaleras mecánicas. Así que por momentos pienso que igual los tenía que haber dejado allí clavados para siempre.

6. Y sobre todo, doy gracias a Dios porque yo no se como aún no me he caído de boca y roto los dientes.

Así que admiro a aquellas que los llevan con tanto estilo y glamour 🙂

En realidad no es todo tan radical ya que hay zapatos de tacón grueso o los que llevan plataforma por ejemplo  que sí me gusta llevar. Al fin y al cabo lo fundamental es sentirse cómoda con una misma.

¿Y a vosotras?: ¿os gustan o por el contrario son vuestra asignatura pendiente? ;P

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Un beso

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