Independizarse: Salir del nido
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Independizarse: Salir del nido

El independizarse es algo que podemos retrasar más o menos tiempo, pero que siempre llega. Lo bueno es que en principio, nadie te obliga a que lo hagas a una edad determinada y lo ideal es que des el paso cuando te sientas preparado o que ha llegado el momento para tomar esa decisión. Aunque bueno, esto varía dependiendo de cada persona y de sus circunstancias. Conozco a chicas que están fuera del nido desde los 18 años, otras desde los 21 y luego estoy yo que lo hice bastante más tarde jajaja.

No sé si os pasa a vosotras también, pero tengo la sensación de que las cosas han cambiado mucho respecto a cuando nuestros padres eran jóvenes y que la vida ahora tiene un ritmo diferente: nos casamos más tarde, nos independizamos con edad casi de ser abuelos, encontramos la estabilidad a nivel laboral (incluso a veces nunca la encontramos del todo) de más mayores, tenemos hijos por encima de los 33, no somos tan de comprar casas y sí de vivir de alquiler … Así que no queda otra que adaptarse a lo que nos viene y aceptar que la vida ahora es diferente.

Volar del nido es sin duda una decisión importante en la vida de uno y un hecho que nos marca en el sentido que jamás olvidaremos.

El proceso sería algo así como: “ha llegado el momento de irme de casa de mis padres. Necesito tener mi casa, mis reglas, mi espacio y no sentirme que doy explicaciones a cada momento. Creo que quiero independizarme”. “¿Dónde vas, con quién vas, cuándo volverás…? “, seguro que os suena de algo, ¿verdad?. Y yo entiendo a los padres y creo que yo también seré así jaja, pero cuando tienes 30 años empieza a resultarte algo incómodo. Pero claro, ¿qué vas a hacer?, estás en SU casa y son SUS normas y tu mayorcita para estar ahí “chupando del frasco carrasco”, en el buen sentido 😛

Cuando tomé la decisión, sentí miedo y no me avergüenza decirlo. Pero creo que cada cambio y cada proyecto nuevo siempre crea algo de inseguridad: “¿quemaré la cocina haciéndome un día la cena?, ¿sabré poner lavadoras?, ¿me apañaré con el tema de las facturas de luz, agua, internet, etc…?”.

Somos muy valientes hasta que empiezas a despejar la habitación en la que has dormido durante muchísimos años y a meter tu ropa en cajas. Sin duda es un momento emotivo a la vez que emocionante, así que en mi caso me sentí algo triste. Además que soy muy de mis padres, les quiero muchísimo.

Luego también, algo que influye mucho, es si te vas a vivir sola o con amigas o en pareja. En mi caso lo hice sola porque así eran mis circunstancias, así que la primera semana pasé un miedo horrible por las noches. Yo estaba acostumbrada a que mi casa siempre estaba llena de gente, de perros y de repente me sentí un poco sola. ¡Pero que no cunda el pánico!, que no me duró más que eso y desde entonces soy más feliz que una perdiz. No le encuentro ni un punto negativo a vivir fuera del nido, es más, te hace más fuerte, más resuelta y más peluda jijij.

Inciso: que rollo tengo jolín. Seguiría contando mil cosas más, pero no quiero alargarme para que no se os haga pesada la entrada. ¡Es que me pongo a escribir y me quedo sola!

Lo dicho, para las que estén en ese momento, les diría que adelante que es un paso grande y enriquecedor que sólo aporta cosas buenas. Claro que no vas a quemar la cocina y claro que vas a saber apañarte 😉 A veces miramos la cima de la montaña y sentimos vértigo, pero lo que hay que hacer es ir poco a poco. Está comprobado que cuando llegas arriba en realidad no era tan alta como pensábamos desde un principio.

¿Con qué edad os independizasteis vosotras?, ¿alguna anécdota? 😉

¡Muchísimas gracias por pasar y puntuar la entrada cuando dejéis un comentario!

Un beso

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